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martes, 20 de enero de 2015

Diarios de Rehabilitación: la desintoxicación

Ya no estaba en la calle en medio del frenesí del consumo ilimitado.Ahora mis días transcurrían  en un pasillo con puertas a diversas habitaciones. Ése era el psiquiátrico. El día que llegué conocí a otro paciente que fungía tener un cierto “liderazgo” dado que llevaba algún tiempo internado. Él estaba ahí por un brote esquizofrénico. Las enfermeras le indicaron que me hiciera una breve inducción de cómo era el funcionamiento de las cosas. Esa es la forma cómo, más o menos, marcha el día a día en un sanatorio público en Venezuela. De esa manera aprendí cómo era el uso del baño y lo relativo a las comidas.
Aunque el equipo clínico de ese centro en cuestión era muy bueno, también era cierto que la planta física se estaba cayendo por el deterioro. Las comidas eran horribles. Mi día a día transcurría sedado y recibiendo permanentemente suero con vitaminas y medicamentos para limpiar, en la medida de lo posible, las drogas de mi torrente sanguíneo. Sin embargo, lo único que me interesaba a mí en particular era mis dosis de Valium, que en un principio era intravenosa mientras era retirado, paulatinamente, de mi sistema. De igual forma, los cigarrillos eran vitales. Todo era nebuloso. A mi ex no le permitieron verme no sé durante cuántos días. En ese ínterin ella avisó a mi madre lo que estaba ocurriendo. Yo llevaba tiempo sin saber de mi familia de origen y las condiciones económicas de mi ex y yo eran muy precarias producto de este consumo desenfrenado. Todo el dinero que me entraba por concepto del periodismo, de la edición o las curadurías no bastaba. Aparte,  ya yo casi no podía trabajar. Mi madre entendió la situación y se aprestó a ayudar en la compra de medicamentos y otros gastos que fuesen surgiendo.
En el sanatorio siempre me despertaba bien tarde porque ya no tenía ninguna estructura. Había perdido, en esa baraúnda de drogadicción los más mínimos hábitos normales. Pronto mi ex fue trayendo libros y yo empecé de nuevo a leer para ocupar los tiempos libres. Esos ratos eran todo el día mientras no dormía. Prácticamente no hablaba con ningún otro paciente porque algunos, incluso, estaban en sus mundos propios muy lejanos e inaccesibles. Así comencé las consultas con mi psicóloga y lo primero fue ir tomando conciencia de dónde estaba y a la situación de gravedad a la que había llegado por mi dependencia. Era virtualmente un indigente que contaba con la suerte de que tanto su ex como su madre le daban apoyo. La verdad es que buena parte de las personas que terminan en la indigencia producto del consumo poseyeron, en algún momento, familias que se hartaron del descalabro y no quisieron naufragar con el adicto.
Una que otra vez llegaban pacientes agresivos que me daban algún tipo de miedo porque en esos contextos las cosas suelen resultar muy básicas y lo importante, a fin de cuenta, es sobrevivir. Había enfermeros que eran bien atentos y dedicados a su trabajo, pero en otros casos, había algunos que violaban con toda franqueza los derechos humanos. Así me pasó con un médico quien me terminó gritando e insultando una noche cuando yo entré en crisis porque no me habían dado el Valium. Para un adicto la falta de la droga es fatal. 
Releí a Barthes, a Octavio Paz y un homenaje que hizo la revista Casa de las Américas a Julio Cortázar. Al final le regalé este último a otro usuario que tenía como oficio taxista, pero que era un ávido lector del boom
Todas las semanas los pacientes eran evaluados y se decidía quiénes tenían permisos ese fin. Ya habían pasado varias semanas y yo no había salido nunca desde que estaba ahí. Diariamente vivía con el temor de que me fuesen a abandonar mi ex o mi madre.
 Durante una visita, mi ex me dijo que deseaba que yo regresase a casa. En ese segundo sentí que podía manipular para irnos y abandonar la desintoxicación. Sin embargo, en un momento de lucidez le dije que debía estar interno hasta que me dieran el alta. En ese instante tenía plena conciencia de mi dependencia física a las benzodiazepinas. Al menos quería seguir hospitalizado hasta que pudiese seguir sin la sumisión física a esa droga. Con el tiempo fui sabiendo que muchas de las formas en las que mi ex se vinculaba conmigo eran desde la codependencia; es decir, desde la dependencia al adicto mismo.
De modo pues que, a los veintitantos días el equipo médico me autorizó a salir un fin de semana. Mi ex había averiguado en diversos sitios donde podría continuar mi Rehab per se. Aun así yo quería conocer los centros. 
De esa manera nos aprestamos a esa primera y única salida que resultó infame

autor Jose Antonio Parra
publicado en el boletín Inspirulina de fecha 06/09/2014

El deseo y la adicción

¿Conoces a algún adicto? Yo tengo varios amigos que lo son. También he visto morir a unos cuantos por sus excesos. Drogas, alcohol, juego, tabaco, trabajo, la lista combina lo legal con lo ilícito. En una época pensaba que eran adictos porque no tenían la fortaleza para superar su dependencia. Ahora entiendo que el asunto es más complejo: son seres humanos víctimas del deseo descontrolado.
El cerebro del adicto es una ciudadela conquistada, dice el escritor Stefan Klein. Con esta imagen nos ilustra cómo los mecanismos del placer toman el control de una persona para someterla a un frenesí suicida. Y es que la adicción es resultado de una búsqueda de felicidad que disparó por la culata, porque si bien en primera instancia generó sentimientos placenteros, al repetirse una y otra vez termina por alterar el cerebro y desmontar los diques de la voluntad. De esta forma el adicto termina siendo un enfermo y no simplemente una persona débil o carente de moral y conciencia.
Paradójicamente los circuitos cerebrales que nos impulsan a obtener cosas del mundo son los mismos que se activan en las conductas adictivas. Este circuito multiuso está regido por la dopamina, un neurotransmisor que le anuncia al cerebro la posibilidad de una recompensa si acomete alguna acción. Bien sea extender la mano para tomar un mango dulce o aspirar una línea de cocaína, la señal que envía la dopamina graba en el cerebro un mensaje potente: si haces eso te sentirás mejor. Es así como la repetición queda programada. Mango o coca, ante el estímulo viene el deseo del consumo.
¿Por qué consumir algo que hace daño y no limitarse al mango? Porque el deseo enfermizo se salta los mecanismos de control y crea un círculo vicioso, literalmente. “Como si fuera una lengua materna que no se consigue olvidar” escribe Klein en La fórmula de la felicidad “la experiencia de la adicción modifica para siempre el funcionamiento de las neuronas”. Sucede así que el adicto no puede parar porque el circuito de la dopamina está permanentemente anticipando el estímulo que genere la recompensa.
Tengo un amigo que perdió mucho con los juegos de azar y las apuestas bursátiles y se define a si mismo como un adicto en recuperación. Si bien ya no arriesga la camisa por un golpe se suerte, vive plenamente consciente de su debilidad. Para él, como para muchos otros, la auto observación es un ejercicio cotidiano para evitar los estímulos que impulsan los circuitos del deseo, pero sobre todo, para identificar cuando este circuito busca saltarse los mecanismos de control. Un adicto por lo general suplanta una dependencia por otra, me ha contado, y su capacidad de elegir alguna que no sea nociva es parte de la terapia.
Entonces ¿conoces a algún adicto?  Ayudarlo a reconocer su adicción sin juzgarlo podría abrirle las puertas a un proceso de recuperación. Y recuerda que no juzgar es distinto a alcahuetear. Lo digo porque de un tiempo acá decidí, entre otras cosas, que no beberé ni un trago con un amigo alcohólico. No porque no lo disfrute, sino porque al hacerlo le estoy enviando una señal equivocada y estoy poniendo en sus labios el estímulo que pide a gritos su cerebro. Yo sé muy bien que no puedo controlar sus circuitos de dopamina, pero al menos puedo mostrarle apoyo y compasión con un vaso de agua.
 autor Eli Bravo tomado del Boletín Inspirulina de fecha 21/03/2013

Recomendaciones para la felicidad

Usted puede ser feliz sin necesidad de recurrir a nada que en lugar de llevarlo a la felicidad le conducirá  al mas cruel de los dolores.

Solo debe procurar seguir las siguientes pautas:

- Conócete y ámate por ser quien eres. No quieras ser como el otro, porque solo sera una copia mal hecha de alguien a quien admiras.

- Se tu mismo y se lo mejor, recuerda que los parámetros de tu propia dimensión solo los puedes marcar tu.

- Descubre tu riqueza dejando de envidiar la ajena, Recuerda que RICO NO ES EL QUE MAS TIENE SINO EL QUE MENOS NECESITA.

- Ama. Los que pasan por la vida sin haber amado, nunca aprendieron a vivir.

- No esperes, da, da una sonrisa, da cariño y se una fuente inagotable de sincera amistad

- Del ayer, aprende, el mañana, proyectalo, el hoy, vívelo.

- Abre tus labios y expresa tus sentimientos venciendo el orgullo, cierra tus labios y perdona las ofensas venciendo el rencor.

- No pases por el mundo como el viento, en todo y en todos deja una huella de amor y una sonrisa.

- Pon a Dios de primero en esta lista y sobre todo en tu vida.